Siglos atrás, se popularizaba la leyenda de que el único método para combatir una monstruosidad semejante como un hombre lobo, era dispararle con balas de plata. Siglos más tarde, el término “balas de plata” se instaló como analogía de encontrar una solución rápida, acabar de un gatillazo con el monstruo.
En el año 1886, el ingeniero de software Fred Brooks, desafió la leyenda diciendo que “No hay balas de plata”. En el desarrollo de software no existen soluciones simples, rápidas, ni genéricas.
Hace 14 años, a mis 19, comenzamos junto a Victoria Ahumada nuestra primera Startup: Exet. Años después, crearíamos KDSoft junto a Iris Gastañaga y Rodrigo Porta. En todo este tiempo, viví la ejecución de más de 100 proyectos de software con grandes aciertos, pero también con grandes desafíos y aprendizajes.
Durante estos años busqué activamente las balas de plata del software, pero hoy reconozco que en la gestión de un proyecto, y particularmente en la complejidad del desarrollo de un software, no hay “balas de plata”. Aún así, quiero compartir las que yo consideraría como mis 7 balas de plata:
Dicen que los líderes son tan grandiosos como los equipos que conforman; donde se combinan talento, curiosidad y pasión con skills técnicos y de gestión.
Como líderes, tenemos la tarea de generar el clima adecuado para que emerja la creatividad y expandir el potencial de las personas, a través de la co-creación de las dinámicas de trabajo.
Hace unos años, me encontré con este consejo: “comunica, comunica, comunica”. Lo cita Eduardo Braun en su libro, donde recopila algunas de sus entrevistas a grandes líderes.
Dominar el arte de comunicar es casi tan importante como dominar los lenguajes de programación. Entender qué comunicar, a quiénes, cuáles son las palabras adecuadas y cuándo es mejor un silencio. La comunicación es la gran solucionadora y evitadora de conflictos.
Los proyectos que más nos han desafiado y empujado a crecer como profesionales y como organización son aquellos proyectos que se prolongan en el tiempo.
En ellos se pone a prueba la capacidad de los líderes de mantener la motivación de los colaboradores. Lidiar con los altibajos y los estados de ánimo que naturalmente viven los equipos requiere dedicación, creatividad y un trabajo continuo.
En nuestros primeros proyectos, que trajeron los mayores aprendizajes, buscábamos vernos confiables manteniendo la seriedad en las interacciones con los clientes y stakeholders.
Hoy, sabemos que la seriedad es importante, pero más lo son la empatía y la cercanía con el cliente, nuestro aliado. Debemos poder hablar de alcance, prioridades y riesgos con autenticidad, colaborando en la gestión y en la toma de decisiones.
Si pienso en las visiones y expectativas de nuestros clientes, una de las preguntas que más años me llevó aprender a hacerles es: ¿Para qué?
Entender el propósito es fundamental. Significa entender qué hay más allá de sus requerimientos técnicos y conocer en detalle cómo lo que vamos a crear transformará su negocio.
Saber esto nos da libertad de pensar más allá de los requerimientos y proponer soluciones disruptivas. Nos convoca a una causa más profunda, sobre la cual aunar los esfuerzos y la creatividad en equipo.
Si hay algo que he aprendido en mi carrera gracias a situaciones de desacuerdo, es que el lenguaje es ambiguo. A raíz de las tensiones provocadas por la poca claridad en las expectativas, fuimos experimentando con modelos documentales y herramientas diversas para representar los requerimientos y el alcance del proyecto de la forma más clara posible.
Estimar y gestionar el alcance con el común entendimiento, puede marcar la diferencia entre tener rentabilidad o convertir el proyecto en un ancla para nuestro negocio o empresa.
Debemos entender que el contexto y el negocio cambian constantemente, y con ello el alcance de los proyectos. Esto implica la madurez de abrazar los cambios y la conciencia de que, como expertos IT, tenemos la responsabilidad de analizar el impacto de los cambios y transmitirlo a nuestro equipo.
Los cambios no son un enemigo de los plazos, causal de pérdidas de esfuerzos, sino una oportunidad de adaptar el producto a la realidad del negocio.
Estas fueron algunas de mis “balas de plata”. Me gustaría saber cuáles son las tuyas, o cuáles pensás que me faltaron mencionar. ¡Te leo en los comentarios!
Muchas gracias por haber llegado hasta acá.